viernes, 1 de julio de 2011

"Los exiliados del zar", Tierra negra I, de Michel Honaker

Me acerqué a este libro buscando algo original fuera de las modas juveniles actuales, creyendo que aquí lo encontraría. Iluso de mí: Los exiliados del zar ha sido toda una decepción. Me llamaba su portada y su argumento, que presagiaban una novela algo folletinesca de traiciones y venganzas ambientada a finales del siglo XIX en varios países de Europa.

Suponía que la novela recaería en muchos tópicos, al pertenecer de un género que se ha explotado muchísimo a lo largo de los años y de formas realmente llamativas (El conde de Montecristo, de Dumas, me parece el máximo exponente de este género) pero esperaba que al menos mostrase algún punto original o alguna variación en su argumento. Lamento decir que no lo he encontrado.

Sin embargo es bien sabido que las historias tópicas, si están bien contadas, merecen la pena. Pero tampoco es el caso de esta novela: no me parece que esté bien escrita. Para nada. El principal fallo que le he encontrado a la narración es el estilo y los tiempos verbales. La novela "supuestamente" (ahora entenderéis el por qué de las comillas) son los diarios de Stepan Tchakarov y Natalia en primera persona. Vamos a ver: un diario es algo que escribes en pasado, ya que son recuerdos de lo vivido, aunque a veces contienen fragmentos en presente si se está hablando de sentimientos o de sucesos que ocurren al mismo tiempo en el que se está escribiendo. Lógico, ¿verdad? Pues a Michel Honaker nadie debió explicarle este detalle en su infancia, porque la mayor parte de esos supuestos "diarios" están narrados en presente. ¡Es absurdo! En ocasiones lo hace bien con frases del estilo "Antes de ponerme a escribir en el diario he estado charlando con nosequién y he hecho tal" pero otras veces utiliza frases como la siguiente: "Me pongo el abrigo y salimos corriendo a la calle, donde nos ponemos a blablabla". No soy filólogo y puede que esté equivocado en mi forma de ver esto como un fallo, pero no me cuadra y ese estilo me parece tremendamente pobre e ilógico.

Por otra parte, no terminaba de creerme a los personajes y algunas escenas me chirriaban bastante. Por ejemplo el amor entre Natalia y Stepan, que aparece de repente, sin previo aviso. Cierto es que al principio ambos creen que lo que se profesan es cariño fraternal (son hermanos adoptivos) pero, cuando ambos entienden que lo que sienten es amor, sus sentimientos se vuelven de golpe y porrazo tan fuertes como los de Bella y Edward en Crepúsculo. Inverosímil. No tiene sentido, y más cuando apenas pueden demostrarse su amor debido a que Stepan está ya en el exilio.

Puede que yo sea algo quisquilloso o que esperase mucho más de esta novela, pero lo cierto es que no ha conseguido despertar nada bueno en mí mientras la leía. Bueno, una cosa sí: me maravillaba al leer las descripciones de los paisajes rusos que hace Honaker. Lo demás... cero patatero y tópico tras tópico, por lo que no me molestaré en leer las otras dos partes de la trilogía Tierra negra.

4 comentarios:

Marina García dijo...

No la conocía. Si quieres variar de lecturas, te sugiero Una vez de Morris Gleitzman. No me cansaré nunca de recomendarlo. Son tres libros cortos pero intensos. La trilogía la protagoniza un niño llamado Félix que tiene que sobrevivir en plena II Guerra Mundial. Los leí el año pasado y me enamoraron. Sé que no tiene nada que ver con la obra que reseñas hoy pero como esta no te ha gustado y quieres cambiar de aires pues por eso te la recomiendo. Un beso.

PD. Tomo nota y apunto Guardianes del Tiempo. ¡Gracias!

Óscar L. Mencía dijo...

Conocí a una niña que cada cinco minutos anotaba cosas en su diario y en presente. Claro, eso es no tener demasiada vida...

Sheikh dijo...

@Marina: me anoto yo también la trilogía que comentas, a ver qué tal ;). ¡Espero que te gusten a ti los libros de Los guardianes del tiempo!

@Óscar: Me estás tomando el pelo, ¿verdad? O.O

Sidel dijo...

Puff creo que no me interesa mucho, jejeje. Saludos.